Lo que se perfilaba como el gran éxito diplomático del inicio de 2026 se ha convertido en una pesadilla política para Bruselas. Este 21 de enero, por una mayoría ajustada, el Parlamento Europeo bloqueó la aplicación provisional del tratado comercial firmado recientemente en Asunción.
La decisión responde a una combinación de factores: por un lado, las intensas protestas de agricultores en Francia, España y Polonia, quienes denuncian una competencia desleal; y por otro, la incertidumbre generada por las amenazas de aranceles globales de la administración estadounidense.
La presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, quien ha sido la principal impulsora del pacto, enfrenta ahora una cuarta moción de censura en menos de un año. Mientras países como Alemania e Italia presionan por la apertura de mercados, el bloque liderado por Francia sostiene que el acuerdo no ofrece garantías sanitarias ni climáticas suficientes.
Esta suspensión no solo enfría las relaciones con Brasil y Argentina, sino que deja a la Unión Europea en una posición de vulnerabilidad geopolítica en un momento donde las alianzas comerciales se están redefiniendo a nivel mundial.